Fotografía por Annie Spratt.

Los primeros cristianos miraron en la resurrección de Jesús, una nueva era en la conciencia humana, un nuevo mundo, uno en el que incluso la muerte no tiene la última palabra.

Y pienso en todos mis miedos, pecados, y fracasos, siendo tan honesto como puedo, pasando a través de ellos, con la esperanza de una nueva vida. He enfrentado, en los útimos meses, el lado oscuro de mi propio corazón, lo peor acerca de mí mismo y al final del día todavía sigo vivo, con una rara fuerza que tiene sentido en lo único que en verdad importa.

Y esta es la razón por la que creo que la resurreción es tan central en la historia de Jesús: Él enfrenta lo peor que le puede pasar a una persona y no es el final, regresa desde el otro lado, con vida, en una manera completa, nueva y misteriosa.

Esta fuerza, gracia, y paz, no es acerca de pretenciones, teología barata, o poses y postureo; es acerca de una presencia, cultivada en el silencio, en la soledad, con la humildad que viene después de enfrentar la noche oscura de tu propia alma.

Es por esto que la historia de Jesús me parece tan masiva, revolucionaria, provocativa y subversiba. La historia de Jesús son las buenas noticias, que en los momentos de mi peor

desesperación

fracaso

pecado

debilidad

pérdida

caída

frustración

desesperanza

soledad

ansiedad

Dios me encuentra ahí, justo ahí, en ese lugar, y me anuncia,

Estoy contigo y de tu lado.

El Domingo de Resurrección es la insistencia que Dios no espera por nosotros para estar completos, ni limpios, propiamente refinados, sin mancha; sino que Dios viene hacia nosotros y nos encuentra, y nos abraza, y nos afirma, y bendice, y nos trasnforma, en medio de todo el desastre que hemos hecho de nuestra propia vida.

No es acerca de lo que yo pueda hacer, para alcanzar ese favor y gracia de Dios; es acerca de dejarnos encontrar por Dios, exactamente en el momento de mayor desorden y caos.

El Domingo de Resurrección es acerca de gracia. Y la gracia es un regalo. No ganamos un regalo; simplemente lo recibimos. No hay algo que pueda llegar a hacer, o decir, o creer, para hacer que algo ocurra; es despertar en la madrugada, para ver recibir algo que ya está pasando, como el sol en la mañana.

No es acerca de hacer todas las cosas buenas, para ser digno; es acerca de ser honesto sobre mis adicciones, heridas, complejos y hábitos; y a la vez, ser honesto acerca de la insistencia de Jesús:

Estoy contigo y de tu lado.

Mañana no tiene que ser igual que hoy.

El cambio es posible.

La esperanza es real.

Todas las cosas pueden llegar a ser nuevas.

Así que, este día es un recuerdo, un símbolo, un destello acerca de lo que podemos llegar a ser. La historia no ha terminado, la última palabra todavía no ha sido dicha; un hombre ha muerto en una cruz y no es el fin, es sólo el principio.

Así que, abrazo todas mis heridas, debilidades, dudas, y promesas rotas, con las que cargo todo el tiempo, y las ofrezco en medio de este misterio, dolor y tensión, todas juntas reunidas hacia Dios, confiando que en la misma manera en que Jesús ofreció su cuerpo y sangre para traernos vida, estas cicatrices en mi alma, pueden ser transformadas en algo nuevo.

Viene a mi corazón las palabras del Padre Richard Rohr, “Dios está en todas las cosas, sobre todo en las cosas dolorosas, trágicas y pecadoras; exactamente en las cosas donde no queremos ver a Dios”. Y esta vida, esta paz, esta gracia, es tan grande, tan profunda y tan indestructible que es capaz incluso de incluir a la muerte y mi oscuridad.

Y entiendo que esta vida no está libre de tragedia, ni enfermedad, ni bancarrota, ni divorcio, ni depresión, ni dolor. Pero, mi fe tiene raíz en la confianza que la gracia y paz que Jesús ofrece es profunda, amplia, fuerte, y más duradera que cualquiera de las circunstancias que estemos enfrentando; porque la última palabra acerca de nosotros mismos, todavía no ha sido dicha.

Hay un gran misterio en todas estas cosas. Vivimos en un mundo en medio de un gran patrón universal de renovación, restauración, sanidad y rescate. Y creo. Creo, porque a pesar de todo, ahora lo veo. Veo la resurrección en todas partes.

Y cuando me encuentro a mí mismo, tocando fondo, perdido, fracturado, asumiendo que no puedo volver a colocar las piezas en su orden correcto otra vez, cuando todo en mi vida ha sido destruido y he jurado que nada puede ser reconstruido otra vez, es entonces cuando descubro un sonido suspendido en el tiempo

Estoy contigo y de tu lado.

No hay nada que temer. Y ya nada volverá a ser igual.

Estoy haciendo todas las cosas nuevas.

De hecho las cosas, a penas están comenzando.

#amamoslapoesia